¿Dónde hemos fallado?

Sí. Este va a ser otro artículo que comentará lo ocurrido con el grupo conocido como "La Manada". Pero no voy a centrarme en el resultado de la sentencia en sí, y antes de que penséis: "otro psicólogo que da su opinión al respecto", "otro artículo más hablando de lo mismo"... me gustaría que te quedases y pudieses entender mi punto de vista.

Como perito psicóloga, en un momento dado me veo en la tesitura de unirme o no a un comunicado expuesto por otros profesionales y colegas de mi gremio. Como persona y como mujer considero es abominable lo que ha sucedido, tanto los hechos en sí como la resolución final. Pero en ese comunicado hay cosas que veo muy claras y otras que no tanto. Recordemos que los que nos dedicamos a la psicología somos expertos en el comportamiento humano, pero este comportamiento, como todos los que tenemos, se dan de diferente forma según las diferentes personas, culturas de origen, sentimientos y emociones y un largo etcétera. Es por eso que leyéndolo siento como si dos partes de mi se separan y argumentaran la una contra la otra.

Por un lado se menciona la Teoría Polivagal de Porges, la cual es una teoría basada en el nervio vago, el décimo par craneal, siendo éste sobre todo un nervio sensorial. El Dr. Porges, descubridor de esta teoría, revisó la neuroanatomía de este nervio y descubrió en él la función de dos sistemas vagales (de ahí el nombre "polivagal"). Estas dos vías provienen de diferentes áreas del tronco cerebral y han evolucionado filogenéticamente de manera secuencial. A la hora de "trabajar", una de estas vías, que es amielínica y heredada de los reptiles, promueve un comportamiento de inmovilización ante la amenaza, la cual les resulta adaptativa. La otra, más mielinizada, promueve respuestas organizadas. La cuestión aquí es que las conductas de inmovilización que promueve la primera vía no suelen resultar adaptativas en el caso de nosotros los mamíferos. Es esto lo que se defiende que pudo pasarle a la víctima, es decir, que ante una situación sorpresa y en la cual estaba ante una clara superioridad física y numérica, con la imposibilidad de huir del lugar y de ejercer resistencia y si la ejerce, con el temor a sufrir un daño mayor (además de que su tasa de alcohol en sangre era elevada lo que implica deshinibición y escasa claridad mental en ese momento), se supone que es común una respuesta de inmovilización. Es más, es esto lo que defienden los médicos forenses que la vieron, señalando en la sentencia que "la reacción de la víctima tiene más que ver con la actuación instintiva que la racional, como lo describen los expertos. Y así frente a una situación en la que la persona siente que su vida corre peligro, se obvia la actuación de pensamiento racional del cerebro superior en la que se ponderan las diversas posibilidades y se actúa con el cerebro primitivo donde está el sistema límbico". El problema está en que esta cuestión no se les solicitó a los peritos psicólogos que evaluaron a la víctima. Éstos en ningún momento le pidieron a la denunciante que describiera los hechos, ciñendo su informe en exclusiva a la expresión de las vivencias, sentimientos y emociones que albergaba ya la víctima en relación con el suceso traumático vivido. Tal y como podemos observar en la información de la sentencia, el objeto pericial fue otro: "determinar si los hechos ocurridos le han supuesto un daño psicológico y valorar la existencia de posibles secuelas derivadas de los mismos, bajo la dirección y dentro de los términos que determinen los Médicos Forenses designados."

Este es el problema: que el que se relacione la teoría polivagal de Porges con el caso es una suposición. Lo suponemos en base a que es lo ocurriría con una alta probabilidad en un caso así. Pero las probabilidades nunca son absolutas y es ahí donde la otra parte de mi conciencia lucha por argumentarse. Es ahí donde el trabajo del perito psicólogo forense es importante y donde quizás debería haberse direccionado hacia otra posible información relevante. Yo, personalmente, no puedo afirmar qué es lo que le ocurrió a la víctima puesto que no la he visto ni la he evaluado, no pudiendo afirmar con rotundidad cuáles son las bases por las que se inmovilizó o no reaccionó en ese momento. Pueden haber más factores que no se hayan llegado a plantear, pueden haber cosas que no recuerde debido al shock de la situación, pero eso solo lo puede indagar la persona que haya estado con ella y habiendo realizado una adecuada evaluación.

Por otro lado, se expone también en el comunicado de mis colegas la capacidad de resiliencia de la víctima. Según la Real Academia Española de la Lengua, resiliencia es: 1. f. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos y 2. f. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Es de crucial importancia el apoyo a las víctimas (de cualquier suceso) para que estas puedan recuperarse lo mejor y más pronto posible y de esta forma poder volver a llevar las riendas de su vida con total normalidad. En este caso, la víctima ha estado sometida a un estrés tremendo (además de lo que el proceso judicial ya impone) siendo criticada por los hechos denunciados e incluso investigada. El que se haya minimizado su dolor por cómo se mostraba públicamente no hace más que meter el dedo en la llaga y es ahí donde apoyo completamente lo defendido en las palabras de mis colegas.

Sin embargo, no considero explícitamente que en esta sentencia se haya cuestionado la situación de violencia. En todo momento de considera un hecho probado que las cinco personas imputadas mantienen relaciones sexuales con una chica la cual, tal y como señalan, no parece activa en la misma. Obviamente y debido a la presunción de inocencia que tenemos en nuestro país, se cuestiona qué es lo que ha pasado, cómo se ha llegado a ese punto. Esto es así porque forma parte del proceso penal. Hay que realizar una investigación para poder delimitar lo sucedido. Lo que no tiene sentido es dar por veraz el hecho violento por el tipo delictivo o por los géneros de víctima y victimario. Repito, es necesaria una investigación, y si el realizarla es "poner en duda la situación de violencia" me parece que no estamos siendo objetivos con nuestro trabajo.

Pero por otro lado, vuelvo a estar de acuerdo en cuanto a la descripción que hacen de la necesidad de una prevención ya desde la infancia para evitar que ocurran más casos como éste, educando desde el respeto a todas las personas.

En definitiva, el mensaje principal que quiero transmitir con esta pequeña reflexión es que, según la información de la que ya disponemos, es obvio que a la víctima le ha ocurrido algo lo suficientemente fuerte como para constituir un trauma. Algo ha sucedido y le ha afectado en profundidad. Pero de ahí a que aseguremos, a rasgos generales, qué es lo que le ha pasado en ese momento concreto, me parece que es dar un paso importante como profesionales y más si no hemos llevado el caso personalmente. Un paso que debemos dar con sumo cuidado.

Publicado por:

Silvia Patricia Aguilar
Silvia Patricia Aguilar

BIBLIOGRAFÍA