¿Te atreves a medir la delincuencia?

La delincuencia y la inseguridad ciudadana son dos realidades vertiginosas de gran preocupación social. Hoy en día, la delincuencia goza de gran importancia debido a la virtualidad del delito, pues es aleatorio e incontrolable, probable que ocurra y afecte la vida de las personas. Ello ha generado que, en la jerarquía de los valores, se ambicione la seguridad por encima de cualquier otro valor.

La seguridad se presenta como un anhelo de eliminar todo tipo de riesgo, pero obviamente su puesta en práctica entronca con una realidad insegura. En palabras de Beck (Conrado e Íñiquez, 2014, p.90), nos encontramos ante un individualismo securitario ya que "la sociedad tolera mal el conflicto y el riesgo, quiere para los individuos todos los derechos y ninguna responsabilidad y deriva éstas a la Administración Pública, a quien por tanto se le piden seguridades crecientes".

El gran inconveniente de esta situación es el aumento de las presiones hacia la privatización de la industria de la seguridad más punitiva, pues su carácter está vinculado a calidad de vida: hoy tenemos más bienes a asegurar y una mayor capacidad de protección (Sabaté, 2005).

Actualmente, disponemos de multitud de mecanismos de comunicación que posibilitan la obtención de una mayor información instantánea. De igual manera, permite a los ciudadanos conocer que la propia vulnerabilidad es también mayor, incrementando así el actual término "miedo al delito". Es aquí dónde surge uno de los retos más importantes para la Criminología y Política Criminal actual: la medición de la delincuencia.

La creación de técnicas para el estudio de la delincuencia no ha sido sencilla, por ello se han ido desarrollando diversos sistemas alternativos de medición. Tradicionalmente, los estudios sobre el delito se dirigían al análisis de sus componentes objetivos (denuncias), procedentes del ámbito policial y judicial (Soria, 2005). Pero dicho estudio no puede limitarse únicamente a datos oficiales. Es importante analizar también los componentes subjetivos ya que, en los últimos años, los ciudadanos han incorporado a su vida, en mayor o menor medida, la probabilidad de ser víctima de un hecho delictivo (Sabaté, 2005).

Las encuestas de victimización aparecen como la mejor herramienta de estudio para paliar la imprecisión de los datos policiales oficiales y de las estadísticas judiciales. La determinación del volumen y las características de los delitos cometidos en una jurisdicción durante un tiempo determinado, permiten así estimar y analizar la cifra negra de la delincuencia.

¿Cuáles son las principales limitaciones de una encuesta de victimización? Destaquemos, en primer lugar, el problema que representa su aplicación periódica en un país: la responsabilidad que tiene que asumir un organismo oficial. Como se ha visto a lo largo de los años, es una tarea difícilmente llevada a cabo, generando así la fuerte necesidad de crear y mantener equipos disciplinarios con competencia en materia victimológica.

Por otro lado, y no menos importante, su difícil acceso y conocimiento de determinados colectivos de riesgo (Luque Reina, 2006, citado en Pereda y Tamarit, 2013), entre los cuales destacan menores de edad, inmigrantes y aquellas personas que no disponen de una forma estable de localización. Esta limitación pasa a ser la razón principal por la que se justifica la creación de encuestas sobre formas específicas de victimización y sus respectivos estudios.

A pesar de las limitaciones mencionadas, las encuestas de victimización se presentan como fuente de información ideal, gracias a su aproximación objetiva de la seguridad (incidencia de victimización, características de las víctimas, comportamiento denunciador y distribución territorial de la delincuencia) y subjetiva (percepciones y vivencias de la población). El conjunto de ambas permite conocer la extensión de la delincuencia en un territorio y la construcción social de la inseguridad ciudadana.

Es por ello que, en este artículo, se evidencia la falta de información sobre los índices reales de criminalidad debido a la ausencia de estudios con aplicación práctica del instrumento de medición propuesto. De esta manera, los mass media y las propagandas sociales más influyentes consiguen impregnan sus mensajes infundados en la mente de los ciudadanos, haciendo que éstos adopten una actitud pasiva ante la pérdida de libertades y, por consiguiente, el aumento exorbitado de los niveles de control formales.

"Cuantos más delincuentes existan, más crímenes existirán; cuanto más crímenes haya, más miedo tendrá la población y cuanto más miedo en la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial" .- Michael Foucault.

Publicado por:

Noemí Baño
Noemí Baño