Clase social, delito y medios de comunicación

Leyendo el libro Chavs: La demonización de la clase obrera del joven periodista británico Owen Jones, me llamó la atención la exposición que hace de dos sucesos de niñas desaparecidas y su tratamiento en los medios de comunicación ingleses. Estos casos son los de Madeleine McCann, desaparecida en mayo de 2007 en un complejo residencial en el Algarve portugués, y el de Shannon Matthews, desaparecida en febrero de 2008 en el barrio humilde de Dewsbury, al este de Yorkshire. Jones nos presenta la gran diferencia del tratamiento y movilización en ambos sucesos, donde en el caso de Madeleine en dos semanas se habían escrito más de mil artículos y se había ofrecido 2,6 millones de libras como recompensa, con ilustres donadores como The Sun, News of the World o J. K. Rowling; mientras que el de Shannon Matthews no recibió ni un tercio de la cobertura mediática, ni unidades especiales en Dewsbury ni muestras de apoyo oficiales, y la recompensa fue únicamente -relativamente hablando- de 50.000£.

Para más muestra, los comentarios de la periodista Allison Pearson denotaban que la diferente cobertura se debía más a una cuestión de clase social que de interés periodístico. Con comentarios en sus columnas sobre el caso Madeleine en el Daily Mail como "Este tipo de cosas no suele ocurrir a gente como nosotros" o cuando se descubrió que los padres dejaron a la niña sola en el hotel: "Lo cierto es que los McCann no fueron negligentes. Ninguno de nosotros debería atreverse a juzgarlos, porque ellos se juzgarán terriblemente durante el resto de sus vidas." Mientras que sobre el caso de Shannon se denotaba una falta de compasión con esta clase de comentarios: "Como muchos de los niños de hoy, Shannon Matthews ya era una víctima de una situación doméstica caótica, causada por los padres a sus hijos inocentes, mucho antes de que desapareciera en la fría noche de febrero."

Para muestra un botón, y es que los McCann representaban el ideal de familia de clase media blanca, que vive en un barrio residencial, profesionales de la medicina, bien arreglados y fotogénicos. Mientras que Karen Matthews, madre de Shannon, y su compañero Craig Meehan, vivían en un barrio empobrecido, ella no trabajaba y él era pescadero en un supermercado. Aparecieron ante el público con rostro adusto, mal vestidos, sin maquillaje y encorvados.


Dane & Wrightsman (1982) presentaron los estereotipos sobre criminales y no criminales en los juicios de jurado. Los no criminales serian percibidos como atractivos físicamente, de estatus socioeconómico alto y de buen carácter previo. En contrapartida, los percibidos como criminales serían poco atractivos físicamente, de estatus socioeconómico bajo y de dudoso carácter moral. Este estudio encajaría a la perfección en el juicio que los columnistas hicieron al tratar los dos casos, exhonerando de responsabilidad a los McCann, pues a gente de este tipo no le suele ocurrir estos desgraciados sucesos, mientras había una normalización de los casos de desaparición de menores en los barrios más humildes, como en el caso de Shannon Matthews.

Podríamos aplicar el resultado de los estudios sobre como los medios modelan la percepción de la realidad, presentados por Barata (2004). Realizados en el Reino Unido durante la década de los setenta del siglo pasado, estaban ligados a las corrientes de la Nueva Criminología como la Teoría del Etiquetamiento o Labelling Approach. Estos estudios ponían de relieve como los medios de comunicación tienen poder para ampliar la desviación y crear pánicos morales. El tratamiento de ambos casos expone la idea de que en los barrios más humildes está a la orden del día el secuestro de niños, aplicando una dosis de peligrosidad a los que viven en esas zonas, siendo al contario el trato benévolo y empático a la familia McCann pues al ser de buena clase, este tipo de sucesos es menos normal que ocurra y por ello más injusto todavía.

También es importante poner de relieve que el modo de tratar las informaciones hace acrecentar los estereotipos sobre la criminalidad en ciertas comunidades, como expone Jack Young - en Barata (2004) - y permite crear una realidad social en la que se generan modos de actuación de las instituciones de control basadas en esas percepciones. Y no es baladí apuntar que el mismo periodismo que transforma esta realidad también la expone de un espectáculo circense, en forma de reality show, lo que produce más expectación todavía y por ello una mayor traslación de esos pánicos morales.


En conclusión, el diferente tratamiento de las desapariciones de Madeleine McCann y de Shannon Matthews ha de servir para reflexionar como se debe tratar el fenómeno del delito en los medios de comunicación y su fuerte impacto en el imaginario social, pues este impacto puede promover la sanción de leyes y medidas injustas hacia una parte de la población, criminalizándola y recayendo en ella la totalidad de la responsabilidad de los actos de cualquier individuo, sea de la posición social que sea, que cometa tales actos. Dicho sea de paso, se podría evitar una brecha en la población, lo que auguraría una mejor convivencia y por ello la mejor prevención del delito sin la propagación de miedos que se han convertido en objetos de consumo por el sector de la información.

Publicado por:

Javier A. Caballero
Javier A. Caballero

Bibliografía:


Barata, F. (2004) Los mass media y el pensamiento criminológico, en Sistema Penal y Problemas Sociales. Barcelona: Tirant lo Blanch.

Barata, F. (2004) Los mass media y la cultura del miedo. Barcelona: Panóptico.

Luckmann, T., Berger, P. (1966) La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu.

Jones, O. (2011) Chavs: La demonización de la clase obrera. Madrid: Capitán Swing.

Soria, M.A., Sáiz Roca, D. (2006) Psicología criminal. Madrid: Pearson Prentice Hall.