Daño psicológico y víctimas: la herida invisible

Según la O.N.U en su Declaración sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y abuso de poder, de 29 de noviembre de 1985: "se entenderá por víctimas a las personas que, individual o colectivamente hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo substancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación vigente en los Estados Miembros, incluida la que proscribe el abuso de poder. (...). Esta expresión incluye además, en su caso, a los familiares o personas a cargo que tengan relación inmediata con la víctima directa y a las personas que hayan sufrido daños al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir la victimización. (...)". Teniendo en cuenta esta definición podemos desglosar el concepto de "víctima" en, por un lado, la agresión sufrida (como componente objetivo) y, por otro lado, la interferencia negativa resultante para la vida cotidiana (como componente subjetivo).

El estudio de esta población es bastante reciente. Académicamente hablando, el estudio en el ámbito de la criminalidad estaba situado con bastante más fuerza en el delincuente y en su alrededor para intentar averiguar las causas y factores predisponentes ante esa criminalidad. Durante años hemos tenido entonces como único protagonista al perpetrador, siendo su figura misteriosa, amenazante, e incluso atractiva para muchos, mientas que la víctima del hecho delictivo, en general, ha inspirado lástima y se las integraba en un rol de perdedor que no resultaba interesante. Afortunadamente eso cambió y es el novelista austrocheco Franz Werfel el que, en 1920, a través de su frase "Nicht der Morder der ermodete ist schulding" (que se traduce en algo así como: "no el asesino del asesinado es culpable") quien predice de alguna manera el cambio que se experimentaría en este campo de estudio a partir de la segunda mitad del siglo XX. Posiblemente cansados de buscar marcadores de criminalidad en la figura del delincuente sin mucho éxito práctico, cambiarían el foco de atención a la interacción de éste con la víctima. Es así como nace una nueva disciplina, la Victimología, considerándose como los "padres" del estudio de este campo a Hans von Henting (criminólogo alemán, 1887-1974) y Benjamin Mendelsohn (criminólogo rumano, 1900-1998). Ambos profesionales inciden en que la criminogénesis depende de la compleja relación entre víctima (sujeto pasivo del delito) y victimario (persona que infringe un daño o perjuicio a otra persona en un momento determinado).

En el presente artículo no voy a extenderme hablando de las tipologías de víctimas (campo que daría para otros varios artículos más). Vamos a ver la parte más "práctica" de mi trabajo por lo que, de forma algo resumida, estudiaremos los puntos clave a tener en cuenta a la hora de hacer un informe pericial en relación a cualquier posible víctima.

Lo primero que debemos tener en cuenta es conocer lo que tenemos que evaluar. En estos casos lo que se nos suele solicitar en el objeto de la pericial es el DAÑO PSICOLÓGICO. Éste está formado por dos componentes: las lesiones psíquicas, producidas por el hecho, y las secuelas emocionales, que pueden persistir de forma crónica en la persona y que interfieren negativamente en su vida cotidiana. En este sentido, debemos conocer a la perfección lo que en la jurisdicción se conoce como daño psíquico o lesión. Según Esbec (2010) el daño psíquico puede definirse como "la consecuencia traumática de un acontecimiento que es vivenciado como un ataque que desborda la tolerancia del sujeto de responder a él, por la desorganización de sus mecanismos defensivos, derivando en trastornos de características patológicas, que se mantienen por un tiempo indeterminado, que pueden o no ser remisibles (...)". Esta lesión (psíquica) se ha equiparado a la lesión física en el vigente Código Penal (1995) y, después de haber pasado muchos años como una "herida invisible" de difícil demostración, ahora se ha introducido en el CP en su artículo 147: "el que, por cualquier medio o procedimiento, causare a otro una lesión que menoscabe su integridad corporal o su salud física o mental (...)". Y aún hay más. Acorde con esto, se define como lesión grave aquella que "menoscabe la integridad corporal o la salud física o mental y que incapaciten con carácter temporal o permanente a la persona que las hubiera sufrido (...)". En la práctica diaria, las lesiones psíquicas más frecuentes son las alteraciones adaptativas (con un estado de ánimo deprimido o ansioso), el trastorno de estrés postraumático (TEPT), el trastorno por estrés agudo o la desestabilización de una personalidad anómala de base. Si concretamos aún más, a nivel cognitivo, la víctima puede sentirse confusa y tener dificultades para tomar decisiones, con una percepción profunda de indefensión y de incontrolabilidad sobre su propia vida y su futuro; a nivel psicofisiológico puede experimentar sobresaltos continuos y problemas para tener un sueño reparador; y, por último, a nivel de las conductas observables, puede mostrarse apática y con dificultades para retomar la vida cotidiana (Acierno, Kilpatrick y Resnick, 1999).

Por otro lado, y más a largo plazo, se define como secuela, también llamadas "cicatrices emocionales", a la "discapacidad o minusvalía permanente, no susceptible de mejoría en un periodo de tiempo razonable ni siquiera con tratamiento (o que éste implique riesgos)" (Esbec, 2010). Las secuelas psíquicas más frecuentes en las víctimas (de sucesos violentos)tienen relación con la modificación permanente de la personalidad, es decir, a la aparición de rasgos de personalidad nuevos, estables ydesadaptativos que interfieren con otras áreas de su vida cotidiana.

Antes de continuar debemos tener en cuenta lo siguiente: al referirme a la sintomatología más frecuente tanto en lesiones como en secuelas, lo hago de forma general y teniendo en cuenta en el presente articulo estudios sobre víctimas de delitos violentos. Esto quiere decir que, si queremos ser unos profesionales rigurosos, realizaremos una evaluación en profundidad de la persona, su estado previo al hecho (si es posible y para poder tener una medida comparativa pre y post delito) así como pondremos en relación toda esta información con el hecho delictivo, detalle de suma importancia en el informe pericial.

Por último pero no menos importante, debemos tener en cuenta en nuestro informe los posibles factores de riesgo y/o protección de esa persona ante lo ocurrido, de forma que también pueda explicar la sintomatología que presenta si lo ponemos en relación con toda la información anterior. De esta forma, podríamos explicar cómo, ante acontecimientos traumáticos similares, una persona presenta un afrontamiento adaptativo al mismo, sin secuelas, mientras otra puede quedar traumatizada de por vida.

De forma general, los estudios demuestran que la repercusión (psicológicamente hablando)que tenga una conducta violenta en una persona dependen, en gran medida, de su vulnerabilidad psicológica previa. Se ha observado que la baja autoestima y el desequilibrio emocional preexistente, sobre todo si va acompañado de una dependencia al alcohol y a las drogas y de aislamiento social, un nivel bajo de inteligencia (sobre todo cuando existe historial de fracaso escolar), una mala adaptación a los cambios, así como una sensación de fatalismo y una percepción de lo sucedido como algo extremadamente grave e irreversible, minan la capacidad de afrontamiento y generan una sensación de indefensión y desesperanza. Además,los factores psicosociales también desempeñan un papel importante. Así, por ejemplo, un apoyo social próximo insuficiente y la escasa implicación en relaciones sociales y en actividades lúdicas dificultan la recuperación del trauma.

En resumen, tal y como señalan Echeburúa y Corral (2005) en su artículo ¿Cómo evaluar las lesiones psíquicas y las secuelas emocionales en las víctimas de delitos violentos?el grado de daño psicológico (lesiones y secuelas) que evaluaremos estará mediado por:

  • la intensidad y duración del hecho
  • la percepción del suceso sufrido (significación del hecho y atribución de intencionalidad)
  • el grado real de riesgo experimentado
  • las pérdidas sufridas
  • la vulnerabilidad previa de la víctima
  • la posible concurrencia de otros problemas actuales (a nivel familiar y laboral, por ejemplo) y pasados (historia de victimización)
  • el apoyo social existente
  • y los recursos psicológicos de afrontamiento disponibles.

Todo ello, unido a las consecuencias físicas, psicológicas y sociales del suceso ocurrido en sí, configura la resistencia que posea la víctima para el desarrollo o no de su daño psicológico.

El presente artículo está dedicado con todo mi ser a Manuel Aguilar Ruiz, mi querido padre, el cual, a pesar de no haber sufrido un delito violento, ha sido también una víctima, pero de esta terrible enfermedad como es el cáncer. Hemos pasado sus últimas horas mientras escribía estas líneas y es por ello que quiero dedicarle este trabajo. "Un buen padre vale por cien maestros". (Rousseau)


PUBLICADO POR

Sílvia P. Aguilar
Sílvia P. Aguilar



BIBLIOGRAFÍA

  • Acierno, R., Kilpatrick, D.G. y Resnick, H.S. (1999). Posttraumatic stress disorder in adults relative to criminal victimization: Prevalence, risk factors, and comorbidity. En P.A. Saigh y J.D. Bremner (Eds.). Posttraumatic stress disorder: A comprehensive text. Needham Heights, MA. Allyn & Bacon, Inc.
  • Baca, E. y Cabanas, M.L. (Eds.) (2003). Las víctimas de la violencia. Estudios psicopatológicos.Madrid. Triacastela.
  • Echeburúa, E. (2004). Superar un trauma. El tratamiento de las víctimas de delitos violentos. Madrid: Pirámide.
  • Echeburúa, E. Y Corral, P. (2005). ¿Cómo evaluar las lesiones psíquicas y las secuelas emocionales en las víctimas de delitos violentos?. Psicopatología Clínica, Legal y Forense, Vol. 5, (pp 57-73).
  • Esbec, E. (2000). Evaluación psicológica de la víctima. En E. Esbec y G. Gómez-Jarabo. Psicología forense y tratamiento jurídico-legal de la discapacidad. Madrid. Edisofer.
  • Esbec, E. (2010). Victimología general y forense. Evaluación psicológica de la víctima. En Graña, J.L, Peña, E. y Andreu, J.M (Dir.) Manual de Psicología Clínica, Legal y Forense. I (pp. 697-716). Madrid: Publicarya.
  • Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, publicada en el BOE número 281 de 24 de noviembre de 1995. Recogido de: https://noticias.juridicas.com/base_datos/Penal/lo10-1995.l2t3.html
  • ONU (1985). Declaración sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y el abuso de poder. Recuperado de: https://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/VictimsOfCrimeAndAbuseOfPower.aspx
  • Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española (22ª ed.). Consultado en https://www.rae.es./rae.html