Los disgustos no se quedan en la piel

Cuando una persona es víctima de un suceso traumático, sea cual sea su índole - física, sexual, psicológica, indirecta -, sea cual sea su contexto - familia, comunidad, ficción - comienza a desarrollar un proceso de victimización que, dependiendo de las características individuales, afectará también al funcionamiento del organismo. Este proceso de victimización desembocará en una serie de consecuencias para la persona, en función del ambiente social y cultural en el cual se encuentra y los cambios biológicos que se producen por ello. Y más aún si quien la sufre es un niño o una niña.

El haber sufrido maltrato durante la infancia, provoca una serie de modificaciones en la forma i las funciones del cerebro del menor víctima. Los cambios estructurales se pueden visualizar en:
- Descenso del volumen cerebral e intracraneal: el cráneo se hace más pequeño, como las meninges i los vasos sanguíneos.
- Aumento de los ventrículos laterales y de la presencia de LCR (Líquido Cefalorraquídeo) en el lóbulo frontal.
-Baja la actividad del Córtex Cingulado y Córtex prefrontal, lo que disminuye al freno de las emociones.
- Disminuye la actividad de la amígdala, cuya función es la de alarmarnos de peligros en potencia, y provoca docilidad, no agresión y amansamiento de la persona y generan sentimientos continuos de miedo y ansiedad.

A. Córtex orbito-frontal y córtex prefrontal ventromedial   B.Córtex prefrontal dorsal lateral    C.	Amígdala    D.	Córtex cingulado anterior
A. Córtex orbito-frontal y córtex prefrontal ventromedial B.Córtex prefrontal dorsal lateral C. Amígdala D. Córtex cingulado anterior

El estrés que sufrido es perjudicial, es provocado por la adrenalina y el cortisol - hormonas producidas por los glucocorticoides que tienen origen en el córtex renal -que mobiliza tanto recursos como prepara el cuerpo para la respuesta intensa. Para que se vea cual es tal efecto, si se analiza la saliva de mujeres que sufrieron agresiones psíquicas y física, y mujeres que no fueron agredidas físicamente, pero si psicológicamente, se demuestra que las que sufrieron ambos tipos de violencia tienen un índice más elevado de cortisol. Ello muestra que el estrés crónico induce a cambios en el funcionamiento ordinario del cuerpo.

La victimización durante la infancia provoca un estrés social crónico y alteraciones en el desarrollo del cerebro a dos niveles:
- Sinapsis: el lugar donde se encuentran las neuronas para intercambiar información mediante neurotransmisores.
- Mielinización: la mielina recubre los nervios, y si se produce una reducción provoca que el proceso de traslado de la información sea más lento.

En conclusión, el hecho de haber sufrido experiencias traumáticas afecta a nuestro organismo en forma de desajustes funcionales sobretodo a nivel cerebral, donde las emociones que tales sucesos se procesan. Si, además, sumamos que quien sufre victimización es una persona menor de edad, se le añade el hecho que se está aún desarrollando su estructura biológica y funcional, lo que provoca lesiones con consecuencias a más largo plazo, algunas de ellas difíciles de recuperar.


Publicado por:

Javier Andrés Caballero
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