Profesiones y personal más allá de la normativa de seguridad privada

Para los profesionales, y en general para todos los ciudadanos, la seguridad, además de ser un valor esencial en cualquier aspecto de la vida en sociedad, se plasma a su vez en el ordenamiento jurídico en el artículo 17 de la Constitución, el cual alude también al derecho a la libertad. No es casualidad que aparezcan juntos ambos derechos, y es manida la expresión "no hay libertad sin seguridad y no hay seguridad sin libertad"; seguramente es verdad.

Esa seguridad, pública o privada, apellidos de un mismo sustantivo esencial, se presta bien por Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y sus agentes en un caso, bien a través de empresas de seguridad (prestando servicios) y de su personal (además del caso de los detectives privados y, en ocasiones, los guardas rurales).

Pero más allá de esto, existen figuras, además de en la propia normativa de seguridad privada, en otros contextos, públicos o privados.

> Operadores de Centrales Receptoras de alarma

Este personal, que presta su servicio en las centrales receptoras de alarma (CRA), tanto de empresas de seguridad como de uso propio, no se encuentra entre las profesiones de seguridad privada. En la actual Ley 5/2014 aparecen en el artículo 19.1 c) (también en el Convenio colectivo de empresas de seguridad) de igual manera que los ingenieros y los técnicos de las empresas de seguridad, como personal acreditado, que no habilitado. Es decir, este personal deberá obtener algún tipo de acreditación, que previsiblemente deberá ser regulada en normativa de desarrollo tanto en su forma como contenidos formativos, carga lectiva, etc.

Particularmente nos centramos en los operadores por ser una figura que venía desempeñando sus cometidos en el ámbito de la seguridad privada. Este personal, no es personal de seguridad privada, tiene únicamente la formación para sus cometidos que su empresa contratante haya querido darles (se lo exige la Orden INT 316/2011) y pueden, por ejemplo, desconectar nuestros sistemas de alarma o tener acceso a nuestras contraseñas, todo ello sin certificado de penales alguno. No parece lo ideal...

Como consecuencia de ello en el anteproyecto de la actual Ley de Seguridad Privada aparecía un artículo especificando que las funciones de recepción, verificación no personal y transmisión a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de las alarmas se prestarían exclusivamente por vigilantes de seguridad. Eso sí parecía lo ideal, pero finalmente no pudo llevarse a término por algunas dificultades:

  • Gran parte de los operadores son personal discapacitado (algunas CRA son incluso centro especial de empleo) y no podrían habilitarse como vigilantes, debiendo ser despedidos.
  • El coste de esos despidos en las plantillas, además de suponer desempleo para personas pertenecientes a colectivo de difícil inserción profesional, supondría pérdidas importantes a los empresarios, haciendo peligrar empresas.

Finalmente en el último párrafo del artículo 32 de la actual ley 5/2014 se establece la posibilidad de que los vigilantes de seguridad puedan realizar las funciones de los operadores. Problema por tanto aún no terminado de resolver...

> Figuras de seguridad fuera de la normativa de seguridad privada

Al margen, al menos de momento, de la normativa que regula la seguridad privada en España, existen diversas figuras cuyo común denominador es realizar funciones de seguridad en el ámbito normativo del Ministerio de Fomento.

Sin ánimo de extendernos en demasía, pues disponemos aquí de un espacio limitado, mencionaremos en el ámbito de la seguridad de la aviación civil las figuras del "Responsable de seguridad aérea AVSEC-RA" (Agente acreditado) y "Responsable de seguridad aérea AVSEC-KC" (Expedidor conocido), cuya principal responsabilidad es la aplicación del programa de seguridad en cada ubicación, analizando riesgos, gestionando al equipo de vigilancia, supervisando formación y otros similares; es decir, siendo personas fuera de la seguridad pública, pues pertenecen a entidades tales como compañías logísticas por ejemplo, realizan las funciones establecidas en la Ley de seguridad privada para los directores de seguridad fundamentalmente (artículo 36). Sería, por tanto, exigible a este personal dicha habilitación de seguridad privada, de la cual carece en la práctica un porcentaje muy significativo y, sobre las cuales, no cabría ni siquiera la delegación de funciones del director de seguridad por carecer de ninguna experiencia en seguridad pública o privada, como establece la normativa al respecto.

En base a esto ya se interpeló a la Unidad Central de Seguridad Privada, que en su informe 2013/094 trató de justificar esta situación, no sabemos muy bien debido a qué motivos, con una respuesta que oscila entre el error al pensar que tiene que ver con el Departamento de Seguridad de AENA (último párrafo) cuando la figura ejerce en compañías privadas, y la ineptitud, pues no hay manera de dar la vuelta por mucho que nos empeñemos al artículo 58.1 a) de la Ley, que califica como infracción muy grave "El ejercicio de funciones de seguridad privada para terceros careciendo de la habilitación o acreditación necesaria" y de la misma manera el 59.1 h) "La contratación o utilización a sabiendas de personas carentes de la habilitación o acreditación necesarias para la prestación de servicios de seguridad".

En el ámbito portuario existen aún más figuras similares con funciones diversas: Oficial de protección del puerto, oficial de protección de la compañía, oficial de protección del buque, oficial de protección de la instalación portuaria, cuyos nombres nos dan ya la idea de las funciones que realizan. Más de lo mismo. Viendo esto, como profesional de la seguridad privada y como jurista, tengo que acordarme del hincapié que hace la propia Unidad Central de Seguridad Privada en la colaboración y de que dentro de Red Azul exista un programa operativo para controlar el intrusismo profesional. No hacen falta más comentarios.

> ¿Personal de seguridad en el ámbito público?

Como cierre de estas breves reflexiones me vienen a la cabeza también figuras que se han ido estableciendo recientemente en algunas ciudades, dependiendo fundamentalmente de los ayuntamientos, como puedan ser los agentes cívicos y los serenos (en otro contexto podría hablarse del personal de orden y control para la admisión a recintos).

Estas figuras, aunque parecen tener bien definido su estatus fuera de la seguridad ya que velan por el civismo, atienden emergencias y no tienen poder coercitivo, se mueven en un ámbito muy próximo y no están exentas de polémica. El sereno, como figura tradicional vigilaba las calles entre otras funciones y disponía de su famoso chuzo como elemento defensivo. Las figuras actuales, aunque carecen de elementos defensivos, van conectados con radios o teléfonos móviles a la policía local. Y yo me pregunto, ¿por qué un trabajador de una empresa contratada por un ayuntamiento patrulla una calle y avisa a la policía local y un auxiliar de servicios en turno de noche en una nave de un polígono industrial que, si ve un delito avisa a las fuerzas de seguridad, es sancionado por las Unidades territoriales de seguridad privada entendiendo que realiza funciones de vigilancia careciendo de la habilitación correspondiente?

La Ley Orgánica 2/86 de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad reza en su artículo 1.4 "El mantenimiento de la seguridad pública se ejercerá por las distintas Administraciones Públicas a través de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad"; ya sabemos todos por lo que expresa el artículo siguiente de esa misma Ley cuáles son esos cuerpos, y no se citan estas figuras que estamos tratando. Por poner un ejemplo reciente leo en la edición digital de La Vanguardia del pasado 17 de enero en una noticia cuyo titular es "Santa Coloma de Gramenet y Premià de Dalt rescatan la figura del sereno" y en la que aparece un párrafo entrecomillado de la alcaldesa de Santa Coloma, Nuria Parlón, que dice: "La seguridad no sólo está vinculada a la policía y a la prevención del delito, sino que se trata de generar entornos amables".; es decir, la alcaldesa vincula esta figura a la seguridad, figura por cierto que hará por la noche las funciones que por el día hacen los agentes cívicos. En Premiá de Dalt por el contrario, este servicio sí lo prestan vigilantes de seguridad privada; dos soluciones para una misma prestación.

Añado en este punto que echo de menos a las asociaciones de la Guardia Civil y sindicatos policiales manifestando su opinión contraria al respecto, como sí hicieron al aprobarse la Ley 5/2014 de seguridad privada respecto a algunos servicios a realizarse por ésta como en los centros penitenciarios y servicios en vía pública; quizás su silencio radica en que los cuerpos más afectados sean los de las policías locales.

En el artículo de La Vanguardia que citaba más arriba leo también que entre las funciones de los serenos de Santa Coloma están asistir a personas que tienen miedo a bajar la basura o, según aparece respecto de la misma noticia en la web de Antena 3, comprobar que los comercios están bien cerrados o acompañar a personas que vayan a retirar dinero de cajeros automáticos. No sé si comprobar instalaciones podríamos encuadrarlo en un servicio de vigilancia discontinua de los que se mencionan en el artículo 41.1 e) de la actual Ley de seguridad privada, pero pocas dudas me quedan, ni a mí, ni a nadie, de que el acompañamiento, defensa y protección de una persona al cajero o bajar la basura es la función atribuida a los escoltas privados en el artículo 33.1 de la misma Ley, y por tanto, como ya hemos visto anteriormente, el sereno realiza conducta tipificada como infracción muy grave, lo mismo que el ayuntamiento. La pregunta sería ¿por qué siendo estos hechos públicos y notorios no actúa de oficio la Unidad Central de Seguridad Privada? Yo pensaba que una de sus funciones era ejercer como unidad de control...

En definitiva, como es habitual en nuestros artículos, pretendemos más que exponer una lección magistral que siente cátedra, incitar al debate y la reflexión para la mejora, por lo que esperamos se susciten muchos y provechosos comentarios y, por qué no, se muevan conciencias.


· Publicado por:

J. Ignacio Olmos
J. Ignacio Olmos